<?xml version="1.0" encoding="utf-8"?><feed xmlns="http://www.w3.org/2005/Atom" ><generator uri="https://jekyllrb.com/" version="4.0.1">Jekyll</generator><link href="http://localhost:4000/feed.xml" rel="self" type="application/atom+xml" /><link href="http://localhost:4000/" rel="alternate" type="text/html" /><updated>2025-03-06T11:26:59+01:00</updated><id>http://localhost:4000/feed.xml</id><title type="html">Ignacio Castro Sierra</title><subtitle>Blog sobre literatura de un autor bisoño</subtitle><entry xml:lang="es"><title type="html">MADRID-34</title><link href="http://localhost:4000/madrid34/" rel="alternate" type="text/html" title="MADRID-34" /><published>2021-10-07T06:18:57+02:00</published><updated>2021-10-07T06:18:57+02:00</updated><id>http://localhost:4000/madrid34</id><content type="html" xml:base="http://localhost:4000/madrid34/">&lt;p&gt;Como tras &lt;a href=&quot;/factotum/&quot;&gt;la publicación de Factótum en Windumanoth&lt;/a&gt; están proliferando los
contactos y las preguntas, he decidido poner en este post algo más sobre ese MADRID-34 que repito aquí y allá.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;&lt;img src=&quot;/img/MADRID-34_reducido.jpeg&quot; alt=&quot;Portada de MADRID-34&quot; /&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;MADRID-34 es una novela &lt;em&gt;fix-up&lt;/em&gt; (actualmente, un manuscrito no publicado), &lt;strong&gt;trece relatos interconectados&lt;/strong&gt; alrededor de una historia principal: en 2020, con
la sensación de que nada volvería a ser igual, alguien emigra a Madrid en busca de una vida diferente.&lt;/p&gt;

&lt;h2 id=&quot;sinopsis&quot;&gt;Sinopsis&lt;/h2&gt;

&lt;p&gt;El COVID-19 fue el comienzo de quince años de pandemias que cambiaron la sociedad. Las mascarillas pasaron a ser un
complemento habitual, cedimos libertades a cambio de seguridad y la industria farmacéutica fue a la vez esperanza y
enemigo. En 2034, Madrid es una ciudad gestionada en base a enfermedades de difícil control e inexistente tratamiento
que hacen que todos los días sean luchas idénticas.&lt;/p&gt;

&lt;h2 id=&quot;notas&quot;&gt;Notas&lt;/h2&gt;

&lt;p&gt;Estoy buscando editorial para el manuscrito. Si podría interesarte publicarlo, &lt;a href=&quot;/about/&quot;&gt;contacta conmigo&lt;/a&gt; y te mando el
dossier con spoilers y la ficha técnica.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;La ilustración de la portada es de &lt;a href=&quot;https://twitter.com/pochoclademaiz&quot;&gt;Paloma de Lassaletta Camarzana&lt;/a&gt;.&lt;/p&gt;</content><author><name></name></author><category term="MADRID-34" /><category term="proyecto" /><summary type="html">Como tras la publicación de Factótum en Windumanoth están proliferando los contactos y las preguntas, he decidido poner en este post algo más sobre ese MADRID-34 que repito aquí y allá.</summary><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://localhost:4000/madrid34_torres_1170x585.jpg" /><media:content medium="image" url="http://localhost:4000/madrid34_torres_1170x585.jpg" xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" /></entry><entry xml:lang="es"><title type="html">Factótum en Windumanoth</title><link href="http://localhost:4000/factotum/" rel="alternate" type="text/html" title="Factótum en Windumanoth" /><published>2021-09-13T09:18:57+02:00</published><updated>2021-09-13T09:18:57+02:00</updated><id>http://localhost:4000/factotum</id><content type="html" xml:base="http://localhost:4000/factotum/">&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;https://dle.rae.es/fact%C3%B3tum&quot;&gt;&lt;strong&gt;Factótum&lt;/strong&gt; según la RAE&lt;/a&gt;:&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;&lt;em&gt;Del lat. mediev. factotum, y este del lat. fac ‘haz’, 2.ª pers. de sing. del imper. de facĕre ‘hacer’, y totum ‘la totalidad’.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;

&lt;ol&gt;
  &lt;li&gt;&lt;em&gt;m. y f. Persona de plena confianza de otra y que en nombre de esta despacha sus principales negocios&lt;/em&gt;.&lt;/li&gt;
  &lt;li&gt;&lt;em&gt;m. y f. coloq. Persona que desempeña en una casa o dependencia todos los menesteres&lt;/em&gt;.&lt;/li&gt;
  &lt;li&gt;&lt;em&gt;m. y f. coloq. Persona entremetida, que oficiosamente se presta a todo género de servicios&lt;/em&gt;.&lt;/li&gt;
&lt;/ol&gt;

&lt;p&gt;Conocí la palabra &lt;a href=&quot;https://dle.rae.es/fact%C3%B3tum&quot;&gt;&lt;strong&gt;factótum&lt;/strong&gt;&lt;/a&gt; por &lt;a href=&quot;https://www.goodreads.com/book/show/497199.Factotum&quot;&gt;el libro de Bukowski&lt;/a&gt; en el que Henry Chinaski vaga entre trabajos que detesta, bebe y folla mientras intenta labrar su carrera como escritor. Es tan seductora que fue el título que me otorgué en una empresa que fundé (¿por qué poner CEO en una empresa en la que te toca hacer de todo cuando puedes ser &lt;em&gt;factótum&lt;/em&gt;?), y no dejé de dar vueltas en torno a ella hasta materializarlo en &lt;strong&gt;un relato que &lt;a href=&quot;https://twitter.com/Windumanoth/status/1424751782643777545&quot;&gt;ha sido seleccionado para el número 13&lt;/a&gt; de &lt;a href=&quot;https://windumanoth.com/&quot;&gt;Windumanoth&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;. Verlo en una de las publicaciones de ciencia ficción más importantes de España es un sueño del que no me apetece despertar.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;El relato presenta a Pedro, un hombre explotado a través de un sistema de asignación de trabajos por horas. El mundo está sumido en una tormenta de pandemias y los inmunes como él están esclavizados en pro del bien común, con jornadas infinitas y salarios ridículos. Él conlleva su vida en la que, a pesar de todo, intenta desempeñarse con bondad y dedicación. Pedro es uno de mis escasos personajes amables, un contrapunto cálido en la sociedad deshumanizada de &lt;strong&gt;MADRID-34&lt;/strong&gt;, un universo distópico que vengo perpetrando desde 2020.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Utilizo la ciencia ficción de forma prototípica: es un medio para hablar de mis preocupaciones, de mis obsesiones. En los dos relatos que publiqué en la antología &lt;a href=&quot;https://www.amazon.es/Ni-en-mill%C3%B3n-a%C3%B1os-Ignacio/dp/8468554537&quot;&gt;Ni en un millón de años&lt;/a&gt; hablaba de desesperanza, la relación entre personas y tecnología, y de gestación subrogada. En éste vomito sobre la &lt;em&gt;uberización&lt;/em&gt; de la economía, la alienación, el Síndrome de Estocolmo. Trabajamos en trabajos que odiamos, que apenas nos dejan margen para una vida que vivimos anhelando anhelos ajenos, impuestos. Y si seguimos inmolándonos como ofrendas a los dioses Optimización y Crecimiento, la espiral no tendrá fin.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Factótum es independiente y autoconclusivo, pero se enmarca en &lt;strong&gt;MADRID-34&lt;/strong&gt;, un libro de relatos (todavía en busca de editorial) que presenta un mundo en el que la pandemia de coronavirus que arrancó en 2019 ha crecido sin freno y aún así, como siempre, los virus no son lo peor. Revisando mis archivos, el primer borrador se remonta a abril de 2018, un ejercicio del primer taller de escritura al que me apunté. Originalmente se llamó Producto, aunque después vendrían muchas reescrituras, especialmente la que lo sitúa en este nuevo universo. Ahora habría tratado algunos clichés y tropos de manera diferente, pero tiene algo especial que éste sea el primer relato con el que consigo colarme en una convocatoria pública.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Espero que encontréis Factótum digno de ocupar un espacio en Windumanoth, y que lo disfrutéis como se disfrutan las pesadillas: despertando al terminar en un mundo menos malo y en el que sí podemos actuar.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Y, si lo tuyo es la edición, contacta para que te cuente todo sobre MADRID-34 :).&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Ya puedes &lt;a href=&quot;https://windumanoth.com/podcast-extra-03/&quot;&gt;escuchar el capítulo del &lt;strong&gt;podcast de Windumanoth&lt;/strong&gt; en el que se habla del contenido del número 13, incluyendo mi participación&lt;/a&gt;, &lt;a href=&quot;https://windumanoth.com/venta-por-correo/&quot;&gt;comprar la &lt;strong&gt;edición física&lt;/strong&gt;&lt;/a&gt; o &lt;a href=&quot;https://www.patreon.com/bePatron?u=4601521&amp;amp;redirect_uri=https%3A%2F%2Fwindumanoth.com%2F&quot;&gt;&lt;strong&gt;hacerte mecenas de Windumanoth&lt;/strong&gt;&lt;/a&gt;.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;https://windumanoth.com/windumanoth-13/&quot;&gt;&lt;strong&gt;Aquí tienes todo el contenido de la Windumanoth 13 y los enlaces de compra&lt;/strong&gt;&lt;/a&gt;.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;https://windumanoth.com/windumanoth-13/&quot;&gt;&lt;img src=&quot;/img/Windumanoth%2013.jpg&quot; alt=&quot;Portada de Windumanoth 13&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;&lt;em&gt;La imagen de la cabecera procede de la portada americana de &lt;a href=&quot;http://www.factotummovie.com/&quot;&gt;la adaptación de la novela de Bukowski al cine&lt;/a&gt;.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;</content><author><name></name></author><category term="MADRID-34" /><category term="publicación" /><summary type="html">Factótum según la RAE:</summary><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://localhost:4000/factotum_1170x585.jpeg" /><media:content medium="image" url="http://localhost:4000/factotum_1170x585.jpeg" xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" /></entry><entry xml:lang="es"><title type="html">Vadillos</title><link href="http://localhost:4000/vadillos/" rel="alternate" type="text/html" title="Vadillos" /><published>2020-06-06T09:18:57+02:00</published><updated>2020-06-06T09:18:57+02:00</updated><id>http://localhost:4000/vadillos</id><content type="html" xml:base="http://localhost:4000/vadillos/">&lt;p&gt;&lt;em&gt;Hace unas semanas quedé finalista en el &lt;a href=&quot;https://clubdeescritura.com/convocatoria/historiasdefamilia6/&quot;&gt;VI Concurso de Historias de familia&lt;/a&gt;
con &lt;a href=&quot;https://clubdeescritura.com/convocatoria/historiasdefamilia6/leer/3178030/vadillos/&quot;&gt;Vadillos&lt;/a&gt;, un relato corto
que me trasladó a la plaza de mi infancia ante la mirada de mi abuela y mi madre :’)&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;&lt;em&gt;Puedes descargar este relato junto al resto de finalistas en el &lt;a href=&quot;https://clubdeescritura.com/ebook?h=74c1ca8928de2b9f4a5eefe856ffc31927b717309285490fb8a5dd10e5fca6af&quot;&gt;ebook del concurso&lt;/a&gt;.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;

&lt;hr /&gt;

&lt;p&gt;El vacío llena el escenario de mi infancia hasta hacerlo desaparecer. Desde el oeste vigilan la explanada dos chimeneas magníficas, obeliscos supervivientes de la cerámica y la cervecera. A su sombra, atravieso la plaza de los Vadillos, un ruedo ahora cuadrado con los tendidos siempre vacíos. En medio de ella me asalta una sensación de premura que me espolea a acelerar y cruzar el coso a paso vivo, por lo que pudiese salir de toriles a la espalda para embestir. Noto los fantasmas mirando tras la barrera sin poder socorrerme. En esta plaza de tercera solo hay un tendido bajo, de sol, ni gradas ni palcos. Y recuerdos de sangre en arena enterrada bajo adoquines.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Al entrar en ella he dejado atrás el olor rancio del cuartel, añejos despojos de picoleto. Al levantar la mirada, espectros con tricornios me vigilan desde los balcones, delante de persianas verdes de madera como eran las mi abuela, enfrente, en Casasola. Eran tiempos de ir por un camino que esquivase la acera del cuartel, por si acaso. Allí, tardes de merienda, deberes, partida a la escoba —para maleducarme en meritocracia— y la plaza.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Siempre la plaza.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Rodeaba su círculo con mi bicicleta azul pesada, recia, surcando la circunvalación que era la acera esquivando quejas y viejas. En el centro, camarillas de abuelos de bastón y manos fuertes, y cuadrillas de permanentes con el Pronto —el ¡Hola! era burgués— y agujas de tricotar. Se podían sentar en corros de bancos de verdad, curvos, balsámica promesa de ergonomía. Quizá era solo una mentira quiropráctica, pero invitaban al descanso y la charla, no como los tablones de madera corrida que cuadran ahora la explanada. En esos esbozos de asiento minimalista los viejos parecen muñecos de feria que derribar con la carabina de perdigones, siempre en fila, codo con codo, sin poderse mirar a los ojos.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Frente a la juguetería, un quiosco donde regatearle a mi abuela o mi madre unos fulminantes, unos soldados de plástico, el Don Mickey los jueves. Ya no queda ni el quiosco ni nadie con quien regatear. Tampoco la juguetería, que hoy es una lotería y mañana será una casa de apuestas. Ni las cajas de ahorro alrededor de la plaza, cajas de aquí sustituidas por bancos de allá. Ahora, las únicas cajas son en las que descansan en paz.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Recuerdo pedalear la plaza rápido, como si girar alimentase una máquina del tiempo para ser mayor antes, que es lo que se quiere a los diez años. Girar rápido, más rápido, hasta que las ruedas resbalan en la arena y me voy al suelo y los frenos metálicos me horadan la pierna. Mi último recuerdo, sangre sobre la plaza antes de subir a casa, y el remordimiento de no haber buscado el pedazo de carne que había perdido, y no negarme a que me cosieran.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Compré una casa, y el despacho tenía vistas al hueco del quiosco y al de Casasola. Ahora los tapa un edificio de gente que no conocerá una plaza redonda y que no entenderá, al verme sentado en uno de los tablones que dicen bancos, los vacíos que la llenan.&lt;/p&gt;</content><author><name></name></author><category term="relato" /><summary type="html">Hace unas semanas quedé finalista en el VI Concurso de Historias de familia con Vadillos, un relato corto que me trasladó a la plaza de mi infancia ante la mirada de mi abuela y mi madre :’)</summary><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://localhost:4000/vadillos_1170x585.jpg" /><media:content medium="image" url="http://localhost:4000/vadillos_1170x585.jpg" xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" /></entry><entry xml:lang="es"><title type="html">Fin de trayecto</title><link href="http://localhost:4000/fin_de_trayecto/" rel="alternate" type="text/html" title="Fin de trayecto" /><published>2020-04-24T09:18:57+02:00</published><updated>2020-04-24T09:18:57+02:00</updated><id>http://localhost:4000/fin_de_trayecto</id><content type="html" xml:base="http://localhost:4000/fin_de_trayecto/">&lt;p&gt;&lt;em&gt;El mes pasado quedé finalista semanal en el concurso &lt;a href=&quot;https://clubdeescritura.com/convocatoria/viajes-encadenados/&quot;&gt;Viajes encadenados&lt;/a&gt; con el siguiente microrelato (&lt;a href=&quot;https://clubdeescritura.com/convocatoria/viajes-encadenados/leer/3192209/fin-de-trayecto-3/&quot;&gt;publicado en clubdeescritura.com&lt;/a&gt;), que fue emitido en Radio Huesca.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;

&lt;hr /&gt;

&lt;p&gt;Su barba y su melena expuestas al viento me dicen demasiado sobre mi propio futuro. Me abraza. Noto cada arista de su cuerpo contra mí, sus omoplatos bajo su piel tostada y seca por el sol. Llora de felicidad, pero está tan débil que temo romperlo. Cae entre mis manos como un saco de huesos, desmayándose tras el esfuerzo de correr al ver el aeroplano aterrizando en su playa. Lo tumbo y me veo en él, y deseo que no despierte. No sé cómo decirle que no es un rescate sino un aterrizaje de emergencia.&lt;/p&gt;</content><author><name></name></author><category term="relato" /><summary type="html">El mes pasado quedé finalista semanal en el concurso Viajes encadenados con el siguiente microrelato (publicado en clubdeescritura.com), que fue emitido en Radio Huesca.</summary><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://localhost:4000/avion.jpg" /><media:content medium="image" url="http://localhost:4000/avion.jpg" xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" /></entry><entry xml:lang="es"><title type="html">Luces de Navidad</title><link href="http://localhost:4000/luces_de_navidad/" rel="alternate" type="text/html" title="Luces de Navidad" /><published>2020-01-01T08:18:57+01:00</published><updated>2020-01-01T08:18:57+01:00</updated><id>http://localhost:4000/luces_de_navidad</id><content type="html" xml:base="http://localhost:4000/luces_de_navidad/">&lt;p&gt;El viento hacía bailar las tiras de espumillón sobre la nieve que cubría las lápidas. En el cementerio solo se escuchaba el tintineo de las bolas de colores agitándose frente a las inscripciones. Como había hecho cada primer domingo de Adviento de los últimos años, bajé del desván la caja con la decoración navideña de mi abuela. El moho asomaba en las esquinas dándole un aire de cofre rescatado de las profundidades, pero no era más que la caja del microondas, el último regalo que le hizo mi padre. Mi abuela usó más la caja que el electrodoméstico, sus garbanzos merecían reposar en su cazuela, no marearse sobre un plato de plasticucho.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Recuerdo la primera vez que lo hizo. El aire que bajaba de la sierra me despertó de madrugada atravesando mis mantas, envalentonado tras colarse por la puerta abierta. Salí pertrechado con la linterna y seguí la pista que dejaban sus zuecos, evidente incluso para un urbanita como yo. Llegué al cementerio, lo más parecido a un lugar habitado en el pueblo, temblando de frío. Como una manzana con gusanos, una agujereada bolsa dejaba escapar guirnaldas de espumillón y adornos navideños, y se cubría de nieve junto a la lápida de su marido. Tenía una grieta que la cruzaba desde una esquina. Ella decía que la había causado el testarudo del abuelo con la cabeza intentando salir. Que tenía una cicatriz de la guerra en la frente por una bala que pudo con el casco pero no con él. Había llenado la grieta con espumillón rojo y plateado, y la lápida parecía desangrarse formando un reguero hasta otras tres unos metros más allá. Vadeé el brillante riachuelo de oropel hasta ver que en dos de ellas, de mi padre y mi tío, había dejado unas velas.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;—Nieva, no durarán mucho encendidas, abuela.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;—Yo tampoco duraré mucho, pero hay que brillar mientras se pueda.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Decía eso poniendo más adornos alrededor de una cuarta lápida, la de mi madre. Coloqué en ella dos velas sobrantes que prendí con las de mi padre.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;—Enciende eso —dijo señalando un enchufe junto a un precario cuadro eléctrico.  Decenas de puntitos luminosos parpadearon en el suelo. A través de la niebla las bombillas parecieron un enjambre de luciérnagas repostando en la tierra, alimentando su luz con las almas de los muertos. En el medio, las velas iluminaron las arrugas en el rostro de mi abuela, surcos yermos roturados por las lágrimas de enterrar a sus hijos.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Cuando me acerqué a ella el sol ya chispeaba en el espumillón alrededor de las tumbas. Los destellos rojos y plateados me recordaron los cristales empapados en sangre alrededor del coche cuando los encontré en la cuneta del último recodo antes del pueblo. Ellos habían salido antes para ayudar a la abuela con el banquete de Nochebuena, sin mí porque mi jefe guardaba su espíritu navideño junto a su corazón, enterrado bajo la arena en algún desierto. Había tenido que quedarme hasta el final de la jornada, no fuese a ser que alguien llamase para dar de baja su línea de ADSL el veinticuatro de diciembre a las siete y, pobre, tuviese que esperar dos días. Los faros de mi coche de tercera mano iluminaron la amalgama de hierros y carne en que se habían convertido las tres cuartas partes de mi familia en el kilómetro 30 de la LR-410. Las roderas de los neumáticos desvelaban una placa de hielo antes escondida bajo la nieve, y no tomaban la curva sino que enfilaban hacia un árbol. Corrí. Todavía no sé si mi madre dijo algo, quizá solo fuese el aire siseando entre sus dientes al escapar de sus pulmones inertes en mi último abrazo. Nadie había pasado por allí en horas para salvarlos. Nadie había pasado por allí en días para quitar el hielo y la nieve. Nadie había pedido un quitamiedos. El móvil no cogió cobertura hasta que, manchando de sangre el volante, salí del valle en busca de ayuda. Para cuando volví, seguido por una ambulancia, mi abuela ya estaba esperando lo peor en porche, con la intuición que te da la soledad.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;En el funeral estuvimos cuatro gatos. El pueblo está en un lugar tan desabrigado que los amigos, porque parientes ya no quedaban, se disculparon por el terror a la carretera hasta allá en invierno. Razón no les faltaba. Su timorata conciencia les hizo llenar dos Seat Trans con coronas. Cuando la escasa comitiva se retiró, floristas en cabeza, me quedé abrazando a mi abuela hasta que de nuevo en el valle solo se escucharon el viento y los pájaros. Ella miraba las lápidas pensando quizá que tenía que haber aceptado cuando le propusieron dejar el pueblo y disfrutar con ellos del tóxico estruendo de una bocacalle de una bocacalle de Gran Vía. Adelantándome a sus pensamientos, le dije que aquí sí se podía respirar.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Mi abuela y yo, últimas hojas de nuestro bonsai familiar,  fuimos entonces herederos de dos pisitos de ubicación muy apañada en la capital del reino. Convine pingües alquileres —la burbuja de la renta es algo maravilloso—, me disfracé de rural y me dediqué a cuidar y ser cuidado por la última rama que todavía se mantenía de nuestros apellidos.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Durante cinco años, en Reyes, me tocaba sacar la caja —tiré la bolsa cochambrosa— y recoger la iluminación que ella ponía.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;—Vete preparándote para recoger también mis restos —decía, siempre tan clara.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Murió hace unos días: gripe mal curada, cabeza testaruda a juego con su marido, distancia al centro de salud menos lejano. Heredé una casa y unos zuecos, ambos vacíos como el pueblo. Ayer recogí mis bártulos, y al ver la caja en el desván no pude evitar iluminar la última Navidad del pueblo.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Hoy he visto una foto aérea de Madrid en diciembre. Me ha recordado al cementerio.&lt;/p&gt;</content><author><name></name></author><category term="relato" /><summary type="html">El viento hacía bailar las tiras de espumillón sobre la nieve que cubría las lápidas. En el cementerio solo se escuchaba el tintineo de las bolas de colores agitándose frente a las inscripciones. Como había hecho cada primer domingo de Adviento de los últimos años, bajé del desván la caja con la decoración navideña de mi abuela. El moho asomaba en las esquinas dándole un aire de cofre rescatado de las profundidades, pero no era más que la caja del microondas, el último regalo que le hizo mi padre. Mi abuela usó más la caja que el electrodoméstico, sus garbanzos merecían reposar en su cazuela, no marearse sobre un plato de plasticucho.</summary><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://localhost:4000/cementerio_1170x780.jpg" /><media:content medium="image" url="http://localhost:4000/cementerio_1170x780.jpg" xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" /></entry><entry xml:lang="es"><title type="html">Lecciones necesarias</title><link href="http://localhost:4000/lecciones_necesarias/" rel="alternate" type="text/html" title="Lecciones necesarias" /><published>2019-11-03T08:18:57+01:00</published><updated>2019-11-03T08:18:57+01:00</updated><id>http://localhost:4000/lecciones_necesarias</id><content type="html" xml:base="http://localhost:4000/lecciones_necesarias/">&lt;p&gt;Mi amante de aquella noche salió del salón con el preservativo colgándole como un calcetín de su nada memorable miembro, bamboleándose ridículo. Noté la mirada acusadora de mi difunta abuela desde el cuadro de la pared, observando mi desnudez sobre su alfombra, juzgándome. Yaya, podías cerrar los ojos de vez en cuando, ¿no? Está plasmada con el gesto de desprecio con el que miraba a todo aquello que se cruzase en su camino. A todo, salvo a su marido, y a mí junto a la mecedora al liarle sus Pueblo cuando sus manos ya temblaban demasiado.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;—¿No te levantas? —me dijo él al volver y encontrarme donde me dejó, tumbada en la alfombra. Me vinieron a la cabeza tres o cincuenta frases sarcásticas alrededor de “levantarse” y su actuación anterior, pero preferí envenenarme en lugar de bromear con su masculinidad.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;—No, estoy bien aquí —abrevié mientras se sentaba desnudo en el sofá y cogía su móvil. Imaginé a mi abuela saltando del cuadro para abalanzarse sobre él, rompiendo uno de sus vasos de la alacena sobre su cabeza y rajándole el cuello con el filo de una esquirla. Siempre estuvo orgullosa de haber mantenido intacta la cristalería de su ajuar, pero terminar con semejante espécimen habría justificado los medios. Era mono y lo suficientemente no-imbécil como para una noche, pero nunca habría conseguido su aprobación.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Cuando se despidió y cerró la puerta yo seguía tumbada, sin más preocupación que mantener la ceniza bajo control entre calada y calada. Hablé, manteniendo su mirada.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;—Abuela, ¿qué te ha sentado peor? ¿Que lo trajese, que ya se haya ido, o que se haya sentado en tu sofá en pelotas?&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Expulsé el humo tapando su retrato y ella pareció cerrar los ojos con resignación. Cuando le soltaba este tipo de frases marca de la casa, sin filtro, solía girarse hacia la ventana y hablarme de su juventud, de la moral, de su marido. No de las hostias que le metía, claro. Sólo de nuestra moral, de la de las mujeres de la casa, las que soportaban el hogar. Y me gruñía que cuántos amigos tenía, que ni me daba tiempo a aprenderme sus nombres, que jamás sería feliz así, y yo le gritaba que me dejase de espiar, que ya era mayorcita, que normal que ella sólo hubiese estado con el desgraciado del abuelo, y que entendía las palizas que le daba. Me duele que esa fuese una de nuestras últimas conversaciones, pero lo peor fue darle la razón en una cosa.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Allí, desnuda en su alfombra, ante su mirada al óleo, tuve que admitir que sólo me encontraba satisfecha en parte, y que por más niños monos que subiese a casa aquello no mejoraría.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Repasé mis últimos amantes –sí, abuela, recuerdo sus nombres–, e intenté elegir, pero al hacerlo me invadía una sensación de retroceso, de derrota. Era desandar un camino que me había llevado a claudicar ante mi abuela fumando un pitillo en la alfombra, desnuda y sudada. Necesitaba que el próximo primer paso fuese diferente.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Terminé el cigarro, me duché, me puse el pijama y dormí con la confianza de quien al día siguiente haría Lo Correcto.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Con un peinado nuevo fui a mi bar de siempre. Conozco los discos que ponen, los que cuelgan de las paredes y a qué camarero pedirle la caña si la quiero como me gusta, una puta Mahou, sin virguerías de importación. La fauna es variada pero moderada, sin estridencias. Ningún potencial psicópata –quizá algún otro sociópata leve–. Ninguno sería el nieto que mi abuela elegiría, pero varios podrían valerme a mí.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;No tuve que esperar para seleccionar a mi ejemplar. Iba al baño distraído, mirando el móvil en lugar de la advertencia de cuidado con el banzo que le habría evitado la denigrante caída.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;—Menuda hostia te has dado.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Lo recogí del suelo ligeramente avergonzado, lo cual era una buena señal. Un tipo irascible se habría cagado en la puta madre del banzo. Un cretino habría denunciado al bar. Un orgulloso no habría aceptado mi ayuda. Un idiota se habría preocupado más del móvil que de la morena que le sonreía aceptando premeditadamente su próxima invitación.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Empapamos la conversación con cerveza y después los ruidos silentes con nuestro sudor. Los bamboleantes calcetines de látex no le quedaron tan ridículos, se puso los calzoncillos antes de sentarse, y en lugar de despedirse se quedó hasta hacer un desayuno. Requemó las tostadas, pero no se lo dije.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Carlos podría valer.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Mucha gente se enamora de algo –hermosas tetas, pene glorioso, cerebro brillante, ojos honestos– y después pretenden moldear el resto, pero esa idea viene patrocinada por abogados especialistas en divorcios. Me los imagino encorbatados, en sus despachos con vistas al puente de Brooklyn, invirtiendo en los guiones de las series adolescentes y comedias románticas como Lucky Strike invirtió en Gary Cooper. “Que se crean que la gente cambia, que ya estamos nosotros para ayudar después”, brindan tras cerrar un nuevo guión para la Fox. Esa idea está condenada al fracaso. La estrategia ganadora es la manipulación diplomática. Saber bailar en un quid pro quo sutil, implícito. Elegir batallas. Quizá no te cuesta nada hacerle creer que Dylan es lo puto mejor. Invierte ahí para cuando quieras alguien que te abrace con Love of Lesbian. No lo obligues a aficionarse al cine expresionista alemán, tan sólo haz que se sienta un erudito irresistible cuando comente en su grupo de colegas que tras el polvo de anoche visteis El gabinete del Doctor Caligari. Pero que no se dé cuenta de que él es el sonámbulo y tú la doctora.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Los meses fueron pasando y yo mantenía el tablero en tablas, cómodas, tibias, en las que continuar ad infinitum. Mi abuela seguía tranquila en su cuadro, y nosotros también, a veces incluso en la alfombra. Jugaba una infinita partida en la que seguir moviendo, viviendo, follando hasta reemplazar los muebles de corte abuelesco con el catálogo de Ikea, los cuadros al óleo de gente vieja que te mira con desprecio por fotos sosteniendo la Torre de Pisa o la tele de tubo que aún funciona por una plana más grande que la pared. Y sin más reproches que los imprescindibles: bajar la tapa no es tan importante si plancha, sus platos me hacen olvidar su escasa ambición, su lengua, su eventual eyaculación precoz.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Él no me ama, y aunque lo crea, yo a él tampoco. Pero tampoco la Luna al Sol, ni la reina al rey, ni mi abuelo a mi abuela. No existieron Romeo y Julieta, nadie dejó de tomar un vuelo por su amor, nadie paró de pegar a su mujer por haber suspirado por ella en húmedas noches de espera. El amor por el pragmatismo tiene menos ficción porque no la necesita.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Lo aprieto contra mí con las piernas alrededor de su cintura y lo abrazo para que no acelere, para mantener sus profundas embestidas bajo control. Él me susurra perversiones y se las consiento pero no entro en su juego, quiero que aguante hasta terminar juntos. Cerca del fin me dejo llevar y gimo para él y para los vecinos y mis uñas se clavan para que mañana pueda mostrar cicatrices de guerra en el trabajo. Él sonríe orgulloso justo antes de que, todavía no lo sabemos, movamos juntos la última pieza de esta partida y nos ahoguemos sin otros movimientos posibles que huir hacia delante.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Cuando lo descubro días después, sonrío. Aprenderá a querer a su hijo.&lt;/p&gt;</content><author><name></name></author><category term="relato" /><summary type="html">Mi amante de aquella noche salió del salón con el preservativo colgándole como un calcetín de su nada memorable miembro, bamboleándose ridículo. Noté la mirada acusadora de mi difunta abuela desde el cuadro de la pared, observando mi desnudez sobre su alfombra, juzgándome. Yaya, podías cerrar los ojos de vez en cuando, ¿no? Está plasmada con el gesto de desprecio con el que miraba a todo aquello que se cruzase en su camino. A todo, salvo a su marido, y a mí junto a la mecedora al liarle sus Pueblo cuando sus manos ya temblaban demasiado.</summary><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://localhost:4000/lecciones_necesarias_1170x585.jpg" /><media:content medium="image" url="http://localhost:4000/lecciones_necesarias_1170x585.jpg" xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" /></entry><entry xml:lang="es"><title type="html">Ni en un millón de años</title><link href="http://localhost:4000/ni_en_un_millon_de_anos/" rel="alternate" type="text/html" title="Ni en un millón de años" /><published>2019-10-10T09:18:57+02:00</published><updated>2019-10-10T09:18:57+02:00</updated><id>http://localhost:4000/ni_en_un_millon_de_anos</id><content type="html" xml:base="http://localhost:4000/ni_en_un_millon_de_anos/">&lt;p&gt;Hoy vengo a contaros una de esas agradables sorpresas que a veces te regala la vida, con la clara intención de que
la compartáis con nosotros. Vengo literalmente a venderos &lt;a href=&quot;https://www.amazon.es/Ni-en-mill%C3%B3n-a%C3%B1os-Ignacio/dp/8468554537/ref=sr_1_1?__mk_es_ES=%C3%85M%C3%85%C5%BD%C3%95%C3%91&amp;amp;dchild=1&amp;amp;keywords=ni+en+un+millon+de+a%C3%B1os&amp;amp;qid=1629568014&amp;amp;sr=8-1&quot;&gt;nuestro libro&lt;/a&gt;.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Hace un par de años retomé la afición por juntar palabras
y, silencioso entre el ruido de esta red que en lugar de democratizar lo que ha conseguido es encumbrar a quien más
grita, comencé a publicar alguno de los relatos. Y por mero azar / caos / alineamiento de los planetas los textos
llegaron hasta un antiguo compañero, y le gustaron, y me invitó a embarcarme con él y unos cuantos especuladores
temporales más en la recopilación de relatos de ciencia ficción. Si queréis saber más sobre la gestación de esta
&lt;em&gt;Comunidad del Eyecom&lt;/em&gt;, &lt;a href=&quot;https://ideasyficciones.pacojariego.me/2019/10/06/ni-en-un-millon-de-anos/&quot;&gt;leed el post de Paco Jariego&lt;/a&gt;
que, con todo lujo de detalles y gusto infinito desgrana los pasos que nos han llevado hasta el contacto humano-androide que véis en la cabecera.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;https://www.amazon.es/Ni-en-mill%C3%B3n-a%C3%B1os-Ignacio/dp/8468554537/ref=sr_1_1?__mk_es_ES=%C3%85M%C3%85%C5%BD%C3%95%C3%91&amp;amp;dchild=1&amp;amp;keywords=ni+en+un+millon+de+a%C3%B1os&amp;amp;qid=1629568014&amp;amp;sr=8-1&quot;&gt;El libro ya está en preventa y el 12 de octubre estará en tus manos&lt;/a&gt;.
Todos los beneficios serán donados a una ONG, así que, además de contribuir a nuestra ilusión en el proyecto, estarás
ayudando a alguien que no tenga un millón de años para esperar que las cosas cambien.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;¡Espero que os guste!&lt;/p&gt;</content><author><name></name></author><category term="proyecto" /><category term="publicación" /><summary type="html">Hoy vengo a contaros una de esas agradables sorpresas que a veces te regala la vida, con la clara intención de que la compartáis con nosotros. Vengo literalmente a venderos nuestro libro.</summary><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://localhost:4000/neumda_1170x585.png" /><media:content medium="image" url="http://localhost:4000/neumda_1170x585.png" xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" /></entry><entry xml:lang="es"><title type="html">Nuevas páginas</title><link href="http://localhost:4000/nuevas_paginas/" rel="alternate" type="text/html" title="Nuevas páginas" /><published>2019-09-12T09:18:57+02:00</published><updated>2019-09-12T09:18:57+02:00</updated><id>http://localhost:4000/nuevas_paginas</id><content type="html" xml:base="http://localhost:4000/nuevas_paginas/">&lt;p&gt;La trampilla del sótano clandestino se cierra exhalando un soplido y amenaza con apagar la vela. Mi sombra tiembla al bajar una vez más los escalones que llevan a nuestra reunión. La tibia humedad que emana la cera del resto de candiles al fundirse apelmaza el polvo de los libros en las estanterías y caldea mis pulmones.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Me siento en el suelo, detrás, esforzándome por no romper la ceremoniosa paz. Vocales y sílabas en la pizarra. Tímida brisa de paso de páginas entre los asistentes. En primera fila los más pequeños leen al ritmo de la batuta de mi madre, en voz baja, de uno en uno. Disciplinados, tempranos adultos. Incluso ellos saben que nuestras voces no deben escapar a pisos superiores.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Cuando terminan, los abraza uno por uno. Sus padres los llevan escaleras arriba mientras ella pasa a deslizar su dedo entre las hojas de un libro. El marcapáginas se abre camino hasta Usher II y nos sumergimos en Bradbury, sus referencias a Poe y la censura, hasta que la luz de las velas es tan tenue que la pizarra se funde con la oscuridad. Ella anticipa que mañana mi tío escogerá La Escritura de Dios, de Borges, y la importancia de la palabra escrita. La palabra prohibida. Después, alguien leerá Huxley.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;En la penumbra, exprimiendo los últimos milímetros de pábilo, los dos primos prolongamos la reunión. Hablamos de los clásicos que transmitimos en estas veladas secretas. Él tiene a su lado la pila de libros que está trabajando. Mis ojos recorren los lomos, escudriñando los títulos, y veo una nota violentamente desafinada: una biografía de un cantante pop del siglo pasado. Ni siquiera nosotros habríamos librado ese libro de la quema. Lo cojo. Al darse cuenta me lo intenta arrebatar, pero en el forcejeo vuelca su vela y la cera se vierte sobre García Márquez. Aprovecho para, lejos de su alcance, abrirlo. Ha reconvertido el libro en un improvisado cuaderno. Cada margen, cada interlineado, está reescrito. Cada espacio en blanco, aprovechado.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;—No sé por qué nuestros padres no nos permiten escribir - dice, con cera en sus uñas, abrazando Cien Años de Soledad. - Sólo analizan una y otra vez textos de otros. Nadie crea.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Me deja leer sus palabras. Cuando la vela se consume, antes de llegar hasta el final, mi primo es una persona diferente. En la oscuridad, lo abrazo.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Me invita a imitarlo y me llevo bajo el abrigo otro libro sin valor. Me da un bolígrafo casi gastado, sin confesarme cómo lo ha conseguido. Durante semanas, tras las sesiones de Borges, Cheeve, Kafka, en la oscuridad, nos despojamos de toda máscara. Él y yo somos los prohibidos protagonistas en páginas prohibidas. Nunca más nos conformaríamos con reflejarnos en vidas ajenas.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Meses después llega nuestro turno en el atril y subimos con aquellos infames libros en las manos. Bajo el manto de cera candente corretean los susurros sobre nuestra elección, que se tornan en espanto al ver que no eran las letras impresas las que leíamos. Allí, en medio del cónclave, con aquellos nuevos, proscritos textos, nos deshacemos de toda vestimenta. Al terminar el relato nuestro nos miramos conteniendo las lágrimas y el terror. Nunca nos habíamos visto desnudos, nunca habíamos desobedecido a nuestros padres.&lt;/p&gt;</content><author><name></name></author><category term="relato" /><summary type="html">La trampilla del sótano clandestino se cierra exhalando un soplido y amenaza con apagar la vela. Mi sombra tiembla al bajar una vez más los escalones que llevan a nuestra reunión. La tibia humedad que emana la cera del resto de candiles al fundirse apelmaza el polvo de los libros en las estanterías y caldea mis pulmones.</summary><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://localhost:4000/libros_gris_1170x585.jpg" /><media:content medium="image" url="http://localhost:4000/libros_gris_1170x585.jpg" xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" /></entry><entry xml:lang="es"><title type="html">Isotopías</title><link href="http://localhost:4000/isotopias/" rel="alternate" type="text/html" title="Isotopías" /><published>2019-07-14T09:18:57+02:00</published><updated>2019-07-14T09:18:57+02:00</updated><id>http://localhost:4000/isotopias</id><content type="html" xml:base="http://localhost:4000/isotopias/">&lt;p&gt;Aprendiendo sobre técnica literaria pronto te encuentras con el término &lt;strong&gt;isotopía&lt;/strong&gt;, definición que curiosamente no podemos encontrar en el diccionario de la RAE, así que la sacaremos de &lt;a href=&quot;http://retorica.librodenotas.com/Recursos-estilisticos-semanticos/isotopia&quot;&gt;Retórica&lt;/a&gt;:&lt;/p&gt;

&lt;blockquote&gt;
  &lt;p&gt;(…) acoplamientos de campos semánticos que dan homogeneidad de significado al texto.&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;

&lt;p&gt;Dicho de otro modo, es la &lt;strong&gt;acumulación de palabras relacionadas entre si para transmitir una idea&lt;/strong&gt;.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Es un recurso literario al que podemos recurrir cuando descubramos que un texto no comunica con efectividad la idea que queremos contar. Pondré dos ejemplos, uno mío y otro bueno ;-)&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Este es el extracto de uno de mis relatos, &lt;strong&gt;Mi despedida definitiva&lt;/strong&gt;:&lt;/p&gt;

&lt;blockquote&gt;
  &lt;p&gt;En el primer lloro la partera me agarró con desprecio, con asco por la mancha que deformaba el lado izquierdo de mi cara. No me creerás, claro, pero ahora aún puedo recordar aquellos ojos vacíos de compasión y llenos de repugnancia que esquivaban los míos. Ni se dio cuenta de que, paralizada por el horror, sus zapatillas blancas se empapaban con la sangre de mi madre encharcando el paritorio.&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;

&lt;p&gt;Ahí podemos encontrar &lt;em&gt;desprecio&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;asco&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;repugnancia&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;horror&lt;/em&gt;, casi sinónimos alrededor de sensaciones de rechazo, buscando expresar lo que siente la partera.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Ayer me encontré con este párrafo en Orlando, de Virginia Woolf:&lt;/p&gt;

&lt;blockquote&gt;
  &lt;p&gt;Y entonces, bruscamente, Orlando caía en una de sus melancolías; la visión de la vieja arrastrándose por el hielo era tal vez la causa, o tal vez ninguna; y se tiraba de bruces en el hielo y miraba las aguas congeladas y pensaba en la muerte. Porque dice bien el filósofo que asegura que la separación entre la melancolía y la dicha no es más ancha que el filo de un cuchillo, y procede a opinar que una es hermana gemela de la otra; y concluye de ahí que todos los extremos del sentimiento son afines a la locura, y nos exhorta a buscar refugio en la Iglesia verdadera (en su opinión la Anabaptista), que es el único puerto, ancladero, bahía, etc., para los agitadores en ese mar.&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;

&lt;p&gt;En ese párrafo podemos extraer los campos semánticos que forman &lt;em&gt;hielo-agua&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;separación&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;filo&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;gemela&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;extremos&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;afines&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;puerto&lt;/em&gt;. Todos transmiten la idea de división en un todo. El párrafo me parece maravilloso porque aunque no visualices cada figura allí reflejada, leerlo transmite la sensación de disociación que embarga a Orlando al pensar en la muerte.&lt;/p&gt;</content><author><name></name></author><category term="técnica" /><summary type="html">Aprendiendo sobre técnica literaria pronto te encuentras con el término isotopía, definición que curiosamente no podemos encontrar en el diccionario de la RAE, así que la sacaremos de Retórica:</summary><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://localhost:4000/rock_n_roll.jpg" /><media:content medium="image" url="http://localhost:4000/rock_n_roll.jpg" xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" /></entry><entry xml:lang="es"><title type="html">El miasma de Broad Street</title><link href="http://localhost:4000/el_miasma_de_broad_street/" rel="alternate" type="text/html" title="El miasma de Broad Street" /><published>2019-07-07T09:18:57+02:00</published><updated>2019-07-07T09:18:57+02:00</updated><id>http://localhost:4000/el_miasma_de_broad_street</id><content type="html" xml:base="http://localhost:4000/el_miasma_de_broad_street/">&lt;p&gt;—Un té, por favor —pedí, dejando unos peniques sobre la barra—. Con una nube de leche.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;—Es un agosto caluroso como para brebajes calientes, ¿no cree, caballero? ¡Únase al resto y tómese una buena pinta!&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;—No, gracias. Prefiero té.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;—Acabo de abrir el barril —insistió, casi ofendido, mientras limpiaba sus manos en el delantal—¡Puede fiarse, señor! ¿No ha visto el carruaje de la puerta llevándose el resto? ¡Recién salido de nuestra fábrica!&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;—No, es que no bebo.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Sin duda habló del extraño señorito con los parroquianos, pero al rato traía una reluciente tetera y una taza sobre una oxidada bandeja.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;—¿Qué hace por aquí? No viene por cerveza, como todos, y estos días casi nadie se atreve a acercarse.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;—Eso me trae. El cólera.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Esa palabra final llenó la taberna con un mortecino silencio, y la última sílaba pareció repicar entre los vidrios de los borrachos.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;—¿Va a curar a nuestros hijos? —gritó el último de ellos.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;—No lo sé.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Me quedé mirando la leche, oscureciéndose al disolverse en el té negro, como las nubes en el sucio cielo de Londres. Cuando volví de mi ensimismamiento, me olí rodeado de aliento a cerveza.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;—Mis dos hijos, señor. Mis dos hijos murieron anteayer.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;—El miasma está destrozando a mi mujer, señor.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;—Yo tengo nuestros bultos en el pasillo. Nos vamos mañana.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;—¿Ha venido a curarnos?&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Acerqué una servilleta suficientemente limpia, y ante la decepción del improvisado público no saqué de mi maleta una jeringa, ni un elixir milagroso. Sólo un carboncillo.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;—Miren. Esto es Broad Street. Golden Square, Bridle, Great Pulteney…&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;—Aquí vivo yo.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;—Aquí, mi cuñado. Todos muertos, ahora.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Mi carboncillo marcó puntos negros en los lugares que me señalaban, pero yo seguí. Conocía muchos más.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;—Estas son las muertes de los últimos días.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;—¿Y estas equis?&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;—Fuentes, amigo mío. Fuentes. Y ésta, la de al lado de la puerta, está en el centro, en el mismo centro de la peste.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;—¿Dice usted que el miasma nació en la fuente?&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;—Eso pensaba, pero algo no encaja… Llevo todo el día por aquí, pero algo no encaja…&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;—¿El qué? —gritó uno, agarrándome de la camisa, salpicándome con sus lágrimas y con la cerveza al estallar su pinta entre nuestros pies —. ¿¡El qué!?&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;—¡Ustedes! ¡Los trabajadores! ¡Nadie en la fábrica ha muerto!&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Tomaron distancia en torno a mí lentamente, como si fuese yo quien trajese la muerte. Como si les desease el cólera a ellos también. Decepcionados, volvieron tambaleantes a sus mesas, a seguir emborronando lo que les espera en sus hogares.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;—¡Vamos, compadres! ¡Celebremos que seguimos vivos! —dijo el tabernero, mientras ponía una enésima ronda.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;—Le va a salir cara mi visita, si invita a todos.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;—Todos somos trabajadores de la fábrica. Las pintas van en el sueldo.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Sin dar crédito a lo que acababa de oír, salté sobre la barra, volcando el té sobre el mapa. Ignorando las quejas del tabernero, grité.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;—¿Alguno de ustedes bebe otra cosa que cerveza?&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;

&lt;h3 id=&quot;el-mapa-de-john-snow&quot;&gt;El mapa de John Snow&lt;/h3&gt;

&lt;p&gt;Este relato está basado en la apasionante historia de &lt;a href=&quot;https://es.wikipedia.org/wiki/John_Snow&quot;&gt;John Snow&lt;/a&gt; (no confundir con &lt;a href=&quot;https://es.wikipedia.org/wiki/Jon_Nieve&quot;&gt;Jon Snow&lt;/a&gt;) y su estudio sobre &lt;a href=&quot;https://en.wikipedia.org/wiki/1854_Broad_Street_cholera_outbreak&quot;&gt;el brote de cólera en Londres en 1854&lt;/a&gt;.
El relato no tiene pretensiones históricas, pero la cervecería existió, sus trabajadores cobraban en parte con cerveza, y es cierto que esa anomalía fue parte importante del análisis que llevó a la detección de la &lt;em&gt;fuente&lt;/em&gt; de cólera y su posterior erradicación.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Si te interesa profundizar más allá de la Wikipedia, &lt;a href=&quot;https://www.goodreads.com/book/show/36086.The_Ghost_Map&quot;&gt;The Ghost Map&lt;/a&gt; es una lectura obligada.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;https://es.wikipedia.org/wiki/John_Snow#/media/Archivo:Snow-cholera-map-1.jpg&quot;&gt;Fuente de la imagen de cabecera&lt;/a&gt;.&lt;/p&gt;</content><author><name></name></author><category term="relato" /><summary type="html">—Un té, por favor —pedí, dejando unos peniques sobre la barra—. Con una nube de leche.</summary><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://localhost:4000/broad_street.png" /><media:content medium="image" url="http://localhost:4000/broad_street.png" xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" /></entry></feed>