Factótum en Windumanoth

Factótum según la RAE:

Del lat. mediev. factotum, y este del lat. fac ‘haz’, 2.ª pers. de sing. del imper. de facĕre ‘hacer’, y totum ‘la totalidad’.

  1. m. y f. Persona de plena confianza de otra y que en nombre de esta despacha sus principales negocios.
  2. m. y f. coloq. Persona que desempeña en una casa o dependencia todos los menesteres.
  3. m. y f. coloq. Persona entremetida, que oficiosamente se presta a todo género de servicios.

Conocí la palabra factótum por el libro de Bukowski en el que Henry Chinaski vaga entre trabajos que detesta, bebe y folla mientras intenta labrar su carrera como escritor. Es tan seductora que fue el título que me otorgué en una empresa que fundé (¿por qué poner CEO en una empresa en la que te toca hacer de todo cuando puedes ser factótum?), y no dejé de dar vueltas en torno a ella hasta materializarlo en un relato que ha sido seleccionado para el número 13 de Windumanoth. Verlo en una de las publicaciones de ciencia ficción más importantes de España es un sueño del que no me apetece despertar.

El relato presenta a Pedro, un hombre explotado a través de un sistema de asignación de trabajos por horas. El mundo está sumido en una tormenta de pandemias y los inmunes como él están esclavizados en pro del bien común, con jornadas infinitas y salarios ridículos. Él conlleva su vida en la que, a pesar de todo, intenta desempeñarse con bondad y dedicación. Pedro es uno de mis escasos personajes amables, un contrapunto cálido en la sociedad deshumanizada de MADRID-34, un universo distópico que vengo perpetrando desde 2020.

Utilizo la ciencia ficción de forma prototípica: es un medio para hablar de mis preocupaciones, de mis obsesiones. En los dos relatos que publiqué en la antología Ni en un millón de años hablaba de desesperanza, la relación entre personas y tecnología, y de gestación subrogada. En éste vomito sobre la uberización de la economía, la alienación, el Síndrome de Estocolmo. Trabajamos en trabajos que odiamos, que apenas nos dejan margen para una vida que vivimos anhelando anhelos ajenos, impuestos. Y si seguimos inmolándonos como ofrendas a los dioses Optimización y Crecimiento, la espiral no tendrá fin.

Factótum es independiente y autoconclusivo, pero se enmarca en MADRID-34, un libro de relatos (todavía en busca de editorial) que presenta un mundo en el que la pandemia de coronavirus que arrancó en 2019 ha crecido sin freno y aún así, como siempre, los virus no son lo peor. Revisando mis archivos, el primer borrador se remonta a abril de 2018, un ejercicio del primer taller de escritura al que me apunté. Originalmente se llamó Producto, aunque después vendrían muchas reescrituras, especialmente la que lo sitúa en este nuevo universo. Ahora habría tratado algunos clichés y tropos de manera diferente, pero tiene algo especial que éste sea el primer relato con el que consigo colarme en una convocatoria pública.

Espero que encontréis Factótum digno de ocupar un espacio en Windumanoth, y que lo disfrutéis como se disfrutan las pesadillas: despertando al terminar en un mundo menos malo y en el que sí podemos actuar.

Y, si lo tuyo es la edición, contacta para que te cuente todo sobre MADRID-34 :).

Ya puedes escuchar el capítulo del podcast de Windumanoth en el que se habla del contenido del número 13, incluyendo mi participación, comprar la edición física o hacerte mecenas de Windumanoth.

La imagen de la cabecera procede de la portada americana de la adaptación de la novela de Bukowski al cine.